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El fútbol como la cosecha del Fuego.¿Trampa del Dragón o Campo de la Gracia?


 


Por Mtra. Claudia Sangines Sayavedra[1]

 

            “No es la energía, ni la pasión, ni el impulso vital lo que es inherentemente   destructivo, sino la ignorancia con la que se utiliza.

Cuando el ser humano aprende a convertir su vitalidad

 emocional en una ofrenda consciente, la naturaleza

 inferior es transmutada en naturaleza divina;

el fuego que consume se transforma en la luz que libera."

 Sri Aurobindo, La vida divina

 

SI partimos de que los seres humanos son ignorantes, débiles, y pueden que no tienen el amor de los dioses o de algo supremo, entonces podríamos decir que también existen fuerzas que quieren controlar al ser humano, como ser inocente y amoroso, lleno de fuego para trascender.

Entonces en este caso el futbol se convierte en el centro de manipulación del fuego humano. Pero si al contrario pensamos que el ser humano tiene el favor de los dioses y el amor de lo supremo y que entonces, cada vez que su ignorancia o su pasión es desborda y podría ser consumida y controlada por algo muy bajo…se ve completamente amado y completamente rescato por lo Divino porque lo supremo ama su creación y la protege sobre todas las cosas. 

La pregunta seria ¿es el estadio un mandala[2] con una trampa del ego o un campo de batalla donde la Gracia Divina interviene?

Nos enfrentamos a una encrucijada teórica. Si el ser humano es visto como un ser frágil y desamparado, el fútbol se revela como un mecanismo de cosecha, un dispositivo diseñado por fuerzas que envidian la chispa divina del hombre para encadenarlo a la rueda del tiempo y la materia. Bajo esta mirada, el estadio es la cárcel donde se nos arrebata el fuego para alimentar al Dragón.

Sin embargo, emerge una segunda verdad: la mirada de la Protección Suprema. Si el ser humano es, en esencia, un hijo amado de lo Divino, cada vez que nuestra pasión se desborda y estamos a punto de caer en la sombra —cuando nuestra ignorancia nos pone en riesgo de ser consumidos por lo 'bajo'—, ocurre una intervención. La Gracia, en su amor incondicional, no permite que su creación se pierda. En ese instante de euforia masiva o de dolor compartido, el ser humano no es solo 'cosechado'; es rescatado. Lo Supremo, en un acto de misericordia constante, transforma ese estadio —que podría ser una celda— en un espacio de contención donde, a pesar de nuestro automatismo, el alma es mirada y protegida, recordándonos que incluso en nuestro juego más mundano, nunca estamos verdaderamente solos."

 

 El fútbol contemporáneo ha dejado de ser un simple deporte para convertirse en el ritual central de la civilización moderna. Si observamos el campo de juego como un mandala vivo, descubrimos que el estadio es un mecanismo de control que, ante la ausencia de una preparación amorosa, utiliza la energía vital de las masas como combustible para el "Dragón de los Tiempos".

 

El Mandala del Estadio y la Estructura de la Cautividad

 

El estadio está diseñado con una precisión que imita las tradiciones esotéricas. Como observaba Johan Huizinga en Homo Ludens:

"El juego es un mundo provisional dentro del mundo habitual...

todo es movimiento, tensión y verdad".

 

Pero en la modernidad, esa "verdad" ha sido capturada. La pelota (el bindu o centro móvil), los 22 jugadores (el 44 que construye la realidad física) y los espectadores (el círculo externo de la masa) crean una geometría de poder. Roger Caillois, en Los juegos y los hombres, advertía sobre cómo el Agôn (la competencia) puede derivar en una hybris —la soberbia desmedida— que los dioses castigaban. Sin una educación en la virtud, el estadio se vuelve un altar de desmesura.

"El juego es un mundo provisional dentro del mundo habitual, dedicado a la realización de un acto determinado... Dentro de su dominio, reinan reglas propias y especiales. El estadio es, en este sentido, un círculo mágico donde el tiempo y el espacio se detienen para dar lugar a una tensión que supera la cotidianidad."

Johan Huizinga, Homo Ludens

 

La Numerología de la Conquista: 11 y 44


 

En el esoterismo, el 11 es considerado un "número maestro". Representa la intuición, la iluminación y, sobre todo, el puente. Al estar compuesto por dos unidades iguales (1 + 1), simboliza la dualidad en perfecto equilibrio.


  • El 11 como Espejo: Cuando 11 jugadores se enfrentan a otros 11, tenemos dos pilares de energía intentando reflejarse y, a la vez, conquistarse. El 11 exige una presencia absoluta; no permite la distracción. Es el número del "mensajero" y de la visión clara. Cada equipo actúa como un yantra viviente, una estructura que busca canalizar energía.

  • La Maestría del 44: Al sumar los 22 jugadores de cada lado (44 en total), entramos en la vibración del 44. Este número es conocido en varias tradiciones como el constructor o el manifestador. El 44 es el 11 amplificado cuatro veces; es la base sólida sobre la cual se asienta una estructura.

  • La Geometría del Pase: Cuando los jugadores se mueven y trazan líneas, están activando un circuito eléctrico. El 44 sugiere que este "juego" no es azaroso, sino un proceso de manifestación colectiva. La victoria (el gol) es el momento en que esa energía acumulada en el 44 colapsa en un solo punto. Es el instante en que el subconsciente colectivo, a través de la tensión y la liberación, "ancla" una nueva posibilidad en el mundo físico.

 


La Egrégora: El Parásito Invisible



 

La acumulación de miles de conciencias enfocadas en una sola dirección genera una egrégora. Esta entidad, invisible pero real, es lo que Carl Jung identificó en su análisis sobre la "psicología de las masas":

"Cuando la masa se reúne, el individuo pierde su consciencia moral y es absorbido por una entidad colectiva que posee su propia voluntad y sus propios apetitos".

Esta egrégora no busca la elevación del alma, sino el mantenimiento del rito. Se alimenta de la "energía extenuada": el miedo, la euforia ciega y el odio al rival. Es un mecanismo de control perfecto porque, mientras el individuo cree que participa de una "unidad", en realidad está entregando su energía vital a una entidad que se nutre de su dispersión.



El Dragón de los Tiempos y el Alimento de la Consciencia

 

La metáfora del Dragón de los Tiempos (a menudo asociado al Ouroboros o al concepto de Kali Yuga en la tradición hindú) nos ayuda a entender por qué el fútbol genera una pasión tan devoradora.

 

El Sacrificio como "Sustento"

 

El Dragón es el tiempo lineal que todo lo consume: la historia, la vida, la materia. En las cosmogonías antiguas, se creía que el cosmos requería un "alimento" constante para no detener su giro. Este alimento no era carne física, sino energía vital consciente (Prana/Fuego).

El sacrificio ritual —que hoy vemos en el esfuerzo sobrehumano del futbolista— es el acto de entregar una parte de nuestra vitalidad para que el ciclo continúe. Sin este "gasto" de fuego, el tiempo se estancaría, y el "dragón" se despertaría, lo que en términos metafóricos significa el colapso del orden, el caos absoluto o la disolución de la civilización.

 

El Desgaste y la Ausencia de Preparación Amorosa


 

Platón nos recordaba en Las Leyes que el juego debe ser un ejercicio para ganar el favor de lo divino:

"El hombre debe vivir su vida jugando en

 los juegos más bellos posibles... para poder ganar el favor de los dioses".

 

Hoy, ese "favor" ha sido sustituido por la victoria del ego. La falta de una preparación amorosa —la ausencia de una consciencia que enseñe a transmutar la emoción en ofrenda— convierte al estadio en una "cosecha de fuego". Estamos entregando nuestra vitalidad al tiempo lineal (el Dragón). Como señala Mircea Eliade en El mito del eterno retorno, el hombre busca escapar del tiempo histórico, pero en este proceso moderno, termina convirtiéndose en una víctima del tiempo, drenado por el mismo ritual que buscaba su liberación.



[1] Maestría en Historia del Arte en la Universidad Nacional Autónoma de Mexico (UNAM), autora de varios libros publicados en Amazon de manera independiente con la editorial Alasart editions. Y fundadora y directora y creadora de contenido de la plataforma www.alasartandtime.com desde 2012.

[2] La palabra mandala proviene del sánscrito y significa literalmente "círculo" o "centro". Etimológicamente, deriva de la raíz manda (esencia) y el sufijo la (contenedor); por lo tanto, es el contenedor de la esencia.

¿Por qué usar este término para el estadio?

Usamos "mandala" porque el estadio moderno replica su función original: es una estructura geométrica diseñada para concentrar energía. Así como un mandala espiritual organiza el caos del universo en un punto central para meditar, el estadio organiza el caos social de miles de personas en un solo punto de atención (la pelota). Al usar este término, revelamos que el fútbol no es un juego azaroso, sino un dispositivo ritual donde el espacio, el tiempo y la atención humana se comprimen con precisión matemática para realizar una "cosecha" energética.

 


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